Tecnología e Inteligencia Artificial
Es una verdad histórica innegable: La obsesión con el fin del mundo y la preservación del poder absoluto, ha sido una constante en los sectores más poderosos de la humanidad a lo largo de los siglos, manifestándose en cada época con los recursos y tecnologías de su tiempo.
Desde los faraones egipcios construyendo pirámides monumentales para asegurar su vida eterna y estatus en el más allá, pasando por los señores feudales y sus castillos fortificados ante el colapso de sus reinos, llegando a los refugios nucleares de la Guerra Fría y los búnkeres de alta tecnología de los magnates actuales de Silicon Valley. La constante siempre ha sido la misma: la ilusión de que el poder y la riqueza pueden comprar una excepción a las leyes de la historia y de la naturaleza.
Cuando IBM lanzó el IBM Personal Computer XT (modelo 5160) el 8 de marzo de 1983, se lo supuso EL Salto Tecnológico para el mundo de las oficinas y la empresa (no se sospechaba que entraría en los hogares y seria la plataforma de lanzamiento para una revolución tecnológica aun mas grande, en perspectiva, de la oficina Fordista o Taylorista al Home Office), dejaba atrás la necesidad de usar disquetes para todo al incorporar por primera vez un disco duro interno de 10 MB (una capacidad gigantesca para la época).
Lo que más se comentaba y destacaba en ese momento era:
El disco duro (la gran revolución)👀 Tener 10 megabytes fijos de almacenamiento en un equipo de escritorio era visto como algo asombroso; se decía que las empresas ya no tendrían que abarrotarse de disquetes" (intercambiar discos de 5 1/4 pulgadas de 360 KB todo el tiempo) para cargar programas o guardar archivos.
"Tecnología Extendida" (XT): Se explicaba que no era una computadora totalmente nueva desde cero, sino una versión potenciada y corregida del IBM PC original de 1981. Tenía más memoria RAM base, más ranuras de expansión (8 slots en vez de 5) y se le había eliminado el puerto para casetes, señal de que IBM apuntaba de lleno al mercado profesional y corporativo.
El estándar de la industria: Al igual que su predecesor, se valoró enormemente su arquitectura abierta. Aunque muchos criticaban que fuera costosa (en su lanzamiento rondaba los 7.500 dólares de la época según la configuración), se decía que había llegado para convertirse en el nuevo estándar de facto al que todos los fabricantes de clones y software debían adaptarse.
El binomio con Microsoft: Ya se empezaba a hablar con fuerza del sistema operativo PC-DOS (la versión de IBM del MS-DOS de Microsoft), cimentando la alianza que dominaría la computación personal de las siguientes décadas.
Como siempre la prensa movida por el morbo y la sociedad haciéndose eco de aquello desconocido, la llegada del IBM XT no provocó un pánico masivo, pero las opiniones se dividieron en dos corrientes principales:
El asistente del "oficinista del futuro": En lugar de verla como un reemplazo del ser humano, se la promocionaba y percibía como una herramienta para hacer al trabajador más eficiente. La narrativa de la época (impulsada fuertemente por la publicidad de IBM con el personaje de Charles Chaplin) presentaba a la computadora personal como una aliada que liberaba al empleado de las tareas más monótonas, como hacer cálculos a mano en hojas de contabilidad o reescribir documentos enteros en máquinas de escribir.
El miedo a la "tecnofobia" y la obsolescencia: Más que temer a ser reemplazados, el verdadero temor de los trabajadores de oficina era no ser capaces de aprender a usarla y quedarse atrás. Surgió con fuerza el concepto de "tecnofobia". A los empleados les preocupaba que la transición de los archivos de papel a las pantallas de fósforo verde fuera demasiado compleja, o que un error de dedo borrara la información de la empresa, lo que generó un enorme mercado de cursos de capacitación y manuales de uso
Cuando las XT se masificaron en las oficinas a inicios de los años 80, la reacción de los sindicatos y gremios de empleados administrativos (oficinistas, secretarias, bancarios y empleados del Estado) no fue convocar a huelgas para destruir las máquinas, sino negociar las condiciones físicas y contractuales de la convivencia con ellas.
Lejos de una resistencia puramente tecnológica, los gremios centraron sus reclamos en tres frentes muy concretos:
1. La batalla por la salud (El síndrome de la pantalla)
Fue la principal bandera de lucha. Pasar de usar papel o máquinas de escribir a estar sentados frente a monitores CTR de fósforo verde o ámbar generó un impacto inmediato en el cuerpo de los trabajadores, no era un detalle menor las antipaticas y diminutas pantallas de color verde que evocaban los Films de sci-f. Los sindicatos exigieron regulaciones estrictas argumentando problemas de salud que en esa época eran nuevos:
2. El reclamo de las "Pausas de Pantalla"
Los gremios argumentaron que operar una computadora exigía un nivel de concentración y fijeza visual mucho más agotador que el trabajo de oficina tradicional. En varios países de Europa y América del Norte, los sindicatos de trabajadores de cuello blanco lograron incluir en los convenios colectivos las pausas obligatorias de 10 a 15 minutos por cada hora o dos horas de trabajo continuo frente al monitor, un derecho que antes no existía.
3. Exigencia de capacitación pagada y "Plus por computación"
Dado que el gran temor de la base trabajadora era no entender cómo usar los nuevos sistemas operativos (como el DOS) o los programas de hojas de cálculo, los líderes sindicales presionaron bajo dos premisas:
4. Resistencia al control y la "maquila electrónica"
A los sindicatos les preocupaba mucho una nueva capacidad de las computadoras: el monitoreo invisible. Descubrieron que los jefes podían medir exactamente cuántas palabras por minuto tecleaba una secretaria o cuántos expedientes procesaba un administrativo por hora. Los gremios denunciaron esto como una "fábrica en la oficina" (taylorismo digital) y lucharon para limitar legalmente el uso de las métricas de la computadora como justificación para castigos o despidos.
Podemos trazar un Paralelismo entre la XT y la IA
Lo que vivimos hoy con la Inteligencia Artificial (IA) es un espejo directo de la transición tecnológica de los años 80, pero con una diferencia clave en la velocidad y el alcance de las herramientas.
Al cruzar ambas épocas, surgen paralelismos sociales y laborales casi idénticos:
1. El rol de la herramienta: "Copilotos" vs. "Asistentes"
En los 80 (IBM XT): La narrativa oficial era que la computadora no venía a quitarte el trabajo, sino a ser tu "asistente eficiente". El humano seguía teniendo el control; la máquina solo aceleraba el cálculo de la hoja de datos.
Hoy (IA): Las empresas de tecnología usan exactamente la misma estrategia discursiva llamando a la IA "Copiloto" (como Microsoft Copilot) o "asistente inteligente". Se nos repite que la IA no reemplazará a los humanos, sino que "los humanos que usen IA reemplazarán a los que no la usen", un calco del discurso ochentero sobre la alfabetización digital. Que es poco creible en la Boca de Altman que vaticinan el fin de los empleos.
2. De la "Tecnofobia" a la "Ansiedad por la IA"
En los 80 (IBM XT): El gran temor social no era el desempleo masivo, sino la obsolescencia personal. El oficinista promedio sentía pánico de no entender comandos de DOS o de romper la máquina por tocar un botón equivocado.
Hoy (IA): Existe una profunda ansiedad por aprender a usar herramientas generativas (saber hacer prompts, automatizar flujos). El miedo actual no es necesariamente que un robot te quitó el puesto, sino quedarte atrás frente a un colega más joven o tecnificado que domina estas herramientas en minutos.
3. La reacción de los gremios: Del "Plus por computación" a las "Cláusulas IA"
En los 80 (IBM XT): Los sindicatos exigieron capacitación paga dentro del horario laboral y bonos económicos por tener que aprender a usar la computadora.
Hoy (IA): Los gremios modernos están librando la misma batalla. El ejemplo más claro fue la huelga de guionistas y actores en Hollywood (WGA/SAG-AFTRA) o las disputas de sindicatos de periodistas y programadores. No piden que se prohíba la IA, sino regulación, propiedad intelectual, que se pague por el uso de sus datos para entrenar modelos y que la capacitación corra por cuenta de la empresa.
4. La intensificación del control laboral (Taylorismo Digital)
En los 80 (IBM XT): A los sindicatos les alarmaba que los jefes pudieran contar las pulsaciones por minuto en el teclado de una secretaria, midiendo su productividad de forma milimétrica.
Hoy (IA): Ese control se ha potenciado al extremo. Hoy los sistemas de IA miden el tono de voz de los empleados de atención al cliente, analizan cuánto tempo pasan activos en sus plataformas, miden las líneas de código escritas por un programador y evalúan el rendimiento mediante algoritmos invisibles. La "maquila electrónica" de los 80 es hoy el software de gestión de personal basado en IA. Zuckerberg tiene una cinta adhesiva colocada sobre el lente de la camara de la notebook. La Paranoia es total porque la practican
5. La mutación del puesto de trabajo, no su desaparición directa
En los 80 (IBM XT): El puesto de "mecanógrafo" pura desapareció, pero mutó hacia el de "asistente administrativa con conocimientos de computación". Las oficinas no vaciaron sus escritorios; los reconfiguraron.
Hoy (IA): Los puestos de redactores junior, traductores o ilustradores de stock están sufriendo una mutación agresiva. No es que desaparezca la necesidad de comunicar o diseñar, sino que el perfil migra hacia un "curador o editor de contenidos generados por IA". Tema muy dificil de llevar a cabo porque un editor de contenido del que sea debe ser una persona adicta a la lectura y con mucho tiempo de lectura, para escribir bien hace falta leer buena literatura. Ese punto es uno de los grandes temas con la IA y escribir los Prompt perfectos la mayoria de los Junior les cuesta porque escriben muy mal no alcanzan a expresar lo que quieren y sus resultados
La gran diferencia entre ambas revoluciones
Si bien los paralelismos son estructurales, hay una fractura importante: la velocidad de la curva de aprendizaje y la autonomía.
En 1983, la computadora XT era una máquina tonta que requería que tú aprendieras su difícil lenguaje (comandos rígidos) y su despliegue tomó casi una década en completarse globalmente. Hoy, la IA habla nuestro lenguaje natural (aprende ella de nosotros), es autónoma para generar respuestas complejas y su adopción masiva tomó apenas meses, lo que reduce drásticamente el tiempo que tienen los trabajadores y los sindicatos para adaptarse y reaccionar. si bien esto es muy cierto existe un detalle interesante. La empresas que adquirieron la IA como su herramienta no han conseguido aumentar su productividad aun. Estamos en el inicio de una nueva ola Tecnologica en terminos de Tofler
El gran absurdo y la paradoja definitiva del poder en nuestra era
El paralelismo se quiebra por completo: cuando en los años 80 los magnates invertían en computadoras XT para multiplicar su productividad dentro del sistema, hoy los multimillonarios gastan fortunas en búnkeres subterráneos de ultra-lujo para aislarse de un sistema que ellos mismos crearon y lo ven al borde del colapso.
Es un fenómeno real y muy documentado en los últimos años (desde búnkeres en Nueva Zelanda hasta complejos subterráneos en Hawái). Sin embargo, revela una miopía sociológica tremenda por varias razones:
En un escenario Apocaliptico del estilo Terminator ( las maquinas al Poder) el del Planeta de los Simios o mas sencillo y sin remedio el que devasto la tierra eliminando a los Dinosaurios
El dinero pierde su valor en el apocalipsis: Fuera del búnker, un billete de cien dólares o una acción digital no sirven ni para encender fuego. El dinero es un contrato social; si la sociedad se desintegra, el contrato desaparece.
El problema de la lealtad de los guardias: Douglas Rushkoff, un teórico de los medios que se ha reunido con estos billonarios, cuenta que la verdadera obsesión de estos magnates en sus reuniones privadas no es la comida o el aire filtrado, sino: "¿Cómo hago para que mis guardias armados no me maten para quedarse con el búnker cuando el dinero ya no valga nada?". Evalúan ponerles collares de descarga eléctrica o candados con huella digital en los suministros. Su mentalidad sigue atrapada en la tecnología como control.
La paradoja de la supervivencia: Cabe señalar que la devastación afuera es la reina. Aunque logren sobrevivir diez o veinte años bajo tierra con simuladores de luz solar y cultivos hidropónicos, el día que tengan que abrir la compuerta, el mundo exterior no tendrá infraestructura, ni médicos, ni comunidades. Serán los reyes de un cementerio de cenizas.
En el fondo, esta obsesión con los búnkeres muestra que prefieren gastar millones en "comprar una póliza de seguro para el fin del mundo" antes que usar su inmenso poder y recursos económicos para mitigar las crisis (climáticas, sociales o tecnológicas) que podrían evitar esa misma devastación.
